EL PAPEL DE LOS MAYORES EN LAS SOCIEDADES ANTE  EL AVANCE DE LA TECNOLOGÍA

11.05.2018
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Mientras que en las primera épocas del “homo sapiens” cuando el uso de tecnologías era muy simple, el progreso del conocimiento humano era lento, la experiencia acumulada, la capacidad de analizar situaciones de crisis y desarrollar soluciones y el propio hecho de acumular información y conocimiento convirtieron al “mayor” en un recurso de gran valor. En lo económico, cuando los miembros de mediana edad no podían aportar caza y pesca, la información disponible por los “más mayores” sobre cómo y dónde realizar la actividad recolectora, debió ser fundamental para el grupo. En lo social, “los más mayores” recordaban y entendían el complejo entramado de relaciones dentro del grupo, sabiendo quién era quién, advirtiendo la calidad de las relaciones entre uno y otros, reconociendo quién era hijo de quién, identificando quién poseía habilidades de liderazgo que garantizaran la dirección del grupo y sabiendo quién reunía habilidades y competencias críticas para competir en escenarios difíciles. No es de extrañar, por ello, que fueran “los más mayores” los que ostentaran el papel de sacerdotes o chamanes y quienes fueran los referentes para explicar, prevenir y aportar información con la cual definir estrategias.

“El mayor y la Mayor “ , apartados de las tensiones cotidianas debieron ejercer un papel clave en la consolidación de comportamientos de gran valor adaptativo. Los
valores y las formas de actuar que se mostraron críticos debieron ser transmitidos, cuidadosamente vigilados y mejorados continuamente de manera que los grupos humanos con mayor número de “mayores” debieron ser más competitivos que aquellos otros sin referentes sociales, morales, y sin “bibliotecas”.
Nosotros descendemos de estos grupos que supieron adaptarse a un entorno complejo, exigente y desafiante. Lo hicieron gracias al desarrollo cerebral, a una evolución del neocórtex, que supo entender y “leer” las claves de la supervivencia, un neocórtex que a su vez ideó formas de organización social que ofrecían al grupo garantías de continuidad.

En el caso de la mujer su papel ha sido todavía más concreto. La hembra humana es la única que ha sobrevivido tanto tiempo (30-35 años) después de perder la capacidad reproductora. Esta prolongación debió jugar un papel clave en la contribución a la supervivencia. El ser humano nace desvalido, con una gran dependencia de la madre quien debe criar y cuidar durante años a sus hijos debido a que la gestación es corta y el parto precoz (el desarrollo del encéfalo nos obliga a nacer a los nueve meses, el canal del parto no podría dejar pasar un desarrollo mayor).
Aquellas sociedades agrícolas, donde era baja la edad media de la mujer al tener el primer hijo, donde había un elevado índice de natalidad y donde la esperanza de vida no era muy alta por el escaso desarrollo de la medicina y la deficiente alimentación, la pirámide de la población se caracterizaba por ser ancha en su base, estrecha en su pico y corta de altura. Una pirámide así señala una sociedad con una población inactiva joven y un escaso número de “mayores” lo que obligaba a una incorporación temprana del individuo al mercado de trabajo. Eran pocos los que llegaban a una elevada edad y quienes lo hacían se convertían en sabios, en escasos almacenes de saber y conocimientos. Se trataba de una sociedad poco dinámica, que renovaba poco los conocimientos y donde los mayores eran venerados por lo que sabían y por su dedicación a cuidar y transmitir conocimiento y experiencia.
Con la Revolución Industrial llegaron cambios cuantitativos y cualitativos. La sanidad mejoró, la medicina eliminó algunas enfermedades y redujo el impacto de otras y la esperanza de vida al nacer aumentó.

La edad de incorporación al trabajo se retrasó y la mortalidad infantil descendió, lo que produjo a su vez un descenso en el número de hijos por mujer. Hay sin duda señales inequívocas de progreso acompañadas de mejoras sociales (se van resolviendo situaciones de desequilibrio económico entre clases), desde el punto de vista del “mayor” no lo son tanto. En este caso se trata de una sociedad dinámica, que progresa en sus conocimientos de década en década y que deja obsoleto pronto a quien no los actualiza.
Como se ha dicho tantas veces , el progreso logrado durante el siglo XX es comparable al logrado en toda la historia de la humanidad. Resulta paradójico que un neocórtex capaz de producir semejante avance no evolucione a la velocidad de lo que inventa. Quien en este proceso de avance imparable alcanza una edad de 70-75 años, si no actualiza sus saberes corre el riesgo de inadaptarse. Lo nuevo, es que el “mayor” ya no se le considera la “biblioteca”. Es más, la realidad es que son muchos y constituyen un colectivo que consume gran cantidad de cuidados y eso para una sociedad moderna se constituye en un problema que para la sociedad arcaica no existía, este es un campo de reflexión que exige comprensión global del tema que esperamos ampliar en otro artículo.

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